CARNAVAL DE CASS (Colonia, Uruguay)
No soy muy carnavalera, aunque en la adolescencia un amigo argentino, con su acento cordobés me decía "Carnaval en colores" por lo divertida que le resultaba. Yo moría de risa dicho así con ese tonito. No soy muy carnavalera decía, pero me gusta oír una cuerda de tambores por alguna calle y en especial por la Feria de Tristán Narvaja los domingos. Se me hace un nudo en el estómago, el corazón acelera y los pies apuran el paso. Disfruto con Agarrate Catalina o Queso Magro, pero para la gran oferta de espectáculos y un carnaval que se precia de ser el más largo del mundo, no llego más que una buena espectadora si de murga, parodistas o comparsas se trata. En el país ha logrado tener su arraigo y forma parte de lo que se le brinda como oferta al turista. Como todo pienso que si participara de un grupo, sería mi delicia repicar un tambor, pero viéndolo desde fuera, no me siento muy comprometida y ahí quedo mirándolos, sentada en el cordón de la vereda y golpeando las manos en un tímido, borocoto borocotó, borocotó borocotó chas chas..
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Mis padres se conocieron y enamoraron en un carnaval, allá por el siglo pasado, muy pasado, entre serpentinas y cuplés, y yo recuerdo que mi primer novio lo tuve a los 11 años: nos "arreglamos" en el bailecito infantil que era siempre los martes de carnaval, en el Club Social de Colonia. Duró lo que el festejo y por supuesto que ni siquiera nos quedó un beso de esa historia que para mi fue la primera de mis grandes amores.
Mi mamá siempre me contó que cuando tenía 2 o 3 años, me disfrazó de coneja (nunca más lo mío fue vestir de conejita, entiéndase bien) y que estando la familia sentada en el banco frente a la puerta de mi casa, costumbre muy de Colonia, por aquel entonces, mirando el corso, pasó una matrimonio joven en un auto y se "enamoró" de mi, y me pidió prestada para pasearme. No se bien, cómo mi madre tan aprensiva siempre "me prestó" y por supuesto según me dijo ella, al cabo de unas vueltas me regresó. Yo de verdad que nunca supe bien, si fue así, con lo que no sabré nunca si yo soy yo o no....
Lo cierto, que hoy el carnaval sobretodo nos permite tener de dos a una semana libre en el año, tiempo de sonar de tambores que inunda la ciudad y vibra a su son, y que compartimos de forma más o menos democrática todos los habitantes de esta tierra. Por unos días las calles se llenan de gramilleros, banderilleros, mamáviejas, hombres blancos pintados de negros y negros orgullosos de su raza, vestidos con sus coloridos dominós y trenzadas con cintas sus alpargatas, mulatas de cuerpos contundentemente hermosos y bufones que siempre tienen algo con que hacernos reir acerca del gobernantes de turno o la candente actualidad.
Se que me quedaré corta hablando del carnaval uruguayo, por eso que si algún paisano mío pasa por esta puerta, que d'entre y de también su versión.
CARNAVAL DE ANY (Rosario, Argentina)
Yo me disfrazaba ... de verdad che! ¿que me miran con esa cara? de abejita y de caballito y de no sé que más ... (el calor no me deja pensar).
Mi madre DETESTABA los corsos y afines por lo cual delegaba la tarea de llevarnos en mi tía (mi tía que murió el año pasado, que aun siendo unos años mayor que mi madre tenía una onda absolutamente distinta y disfrutaba tanto o más que un niño este tipo de acontecimiento)
Mis recuerdos son vagos, salvo que el casco que oficiaba de cabeza de abeja me mataba de calor por lo cual la susodicha abeja lloró a los gritos hasta que la dejaron quitárselo, un papelón.
Un tiempo más adelante, recuerdo (tal vez ud vecina las recuerde) que se vendían una especie de pequeñas cachiporras plásticas de colores. Que tendrá este elemento que ver con el carnaval? Pues no tengo idea. Si me acuerdo de que alguno de mis hermanos hizo uso escandaloso de la suya, azotando a los otros a diestra y siniestra (estaba ensañado el tipo) hasta que mi madre temerosa de perder algún descendiente, incautó las cachiporritas y quedamos todos castigados.
Y para finalizar, ya mas adolescente, odiaba a los idiotas que tiraban globos de agua escudándose en el anonimato. Lo peor es que yo también lo hacía cuando tenía la oportunidad, le poníamos puntuación a los tiros, una vieja y/p viejo (que eran los que blancos mas apetecidos porque se ponían como locos) otorgaban 100 puntos al lanzador. Una práctica irresponsable, un secreto vergonzante de mi pasado que no creo sea conveniente publicar ... me defenestrarían y con razón jajajaja
CARNAVALES DE NEO (Rosario, Argentina)
De mis recuerdos primeros relacionados con el Carnaval rosarino, puedo decir que tengo memoria de haber asistido más de una vez al corso que se hacía cerca de mi casa, en la zona sur, a lo largo del Bv. Segui.
Serían los años sesenta cuando de la mano de mi mamá y papá asistía a aquellos festejos bastante multitudinarios en los que se sucedían desfile de carrozas, alguna que otra murga mal entrazada con pitos y tambores improvisados, las clásicas mascaritas infantiles –recuerdo haberme disfrazado alaguna vez de india, bailarina clásica y “de española” –como solía decir. Todos ellos confeccionados por las manos laboriosas de mi mamá y la contribución no menos dedicada de mi abuela materna –a quienes recuerdo, con claridad, reunidas en el comedor de mi casa cosiendo lentejuelas!).
Cabe aclarar que lo elaborado de los trajes (salvo el de india) se debía a que en esa época yo iba a clases de baile y dichos trajes correspondían a los que debían confeccionarme para las presentaciones finales del año. Además de los disfraces, la lluvia de papel picado –odiaba que me lo tiraran en la cara, mientras tenía la boca abierta!-, la serpentina y algún tímido chorrito de agua perfumada lanzado por alguno de aquellos legendarios pomos hoy extintos, recuerdo que era la risa y el baile de la gente por las calles lo que más adornaban aquellas noches de carnavales barriales.
Más tarde, en mis albores de la adolescencia, los globos de agua invadieron con sus guerras las calles rosarinas y uno –por lo menos yo- se cuidaba de salir durante las calurosas horas de la tarde a la calle porque resultaba imposible no ser asaltado de improviso –y con saña- por alguna banda de inadaptados que encontraban en el Carnaval y los bombucha inflados a reventar (y además, cargados con los aditivos más impensados -arena, harina y otros etc- ) la excusa perfecta para la agresión indiscriminada y el acoso desenfrenado al que yo tanto temía!. Recuerdo que salir a la calle en esas condiciones me resultaba tan peligroso como imaginaba se deberían sentir los habitantes de una ciudad en guerra!
De todo aquello, lo que más lamento se haya perdido es la costumbre de los disfraces infantiles, si bien es cierto que en algunos casos los padres suelen ser bastante irresponsables y torturadores a la hora de elegir un tema para engalanar a sus hijos en forma que les resulte graciosa, no puedo dejar de reconocer que aún se me escapa una sincera sonrisa a la hora de ver una carita regordeta asomándose desde un disfraz de abejita, hada, zorro o algún superhéroe mucho más cibernético.
…y ahora sí, queda abierta la invitación para que todos los visitantes bien dispuestos dejen sus aportaciones memoriosas sobre sus anécdotas relacionadas con el Carnaval, ya sea de este u otro lado del globo!
publicado por Any, Cass y Neo



